50 años del 24 de marzo de 1976

Hoy se cumplen años de uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina. El 24 de marzo de 1976 comenzó una dictadura cívico-militar que desplegó un sistema de terrorismo de Estado destinado a disciplinar a la sociedad y a transformar profundamente la estructura económica del país. Aquella maquinaria represiva no fue un exceso ni un accidente: fue el instrumento de un proyecto que necesitó del miedo, la persecución y el silencio para imponerse.

Miles de trabajadores, estudiantes, militantes políticos y sociales fueron perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados y desaparecidos. Se buscó quebrar el tejido social, destruir organizaciones colectivas y sembrar el terror en cada ámbito de la vida pública. La represión sistemática fue inseparable de un programa económico que promovió la desindustrialización, el endeudamiento y la concentración de la riqueza.

La democracia argentina, con enorme esfuerzo social, construyó desde 1983 un consenso profundo: Memoria, Verdad y Justicia. Ese consenso se expresó en los juicios a los responsables, en las políticas públicas de memoria y en la convicción compartida de que la democracia debe proteger siempre la dignidad humana y los derechos fundamentales.

Sin embargo, los consensos democráticos no son eternos ni están garantizados por sí solos. Hoy observamos con preocupación discursos y gestos provenientes de distintas esferas del poder nacional que relativizan los crímenes de la dictadura, cuestionan las políticas de memoria e intentan reinstalar interpretaciones que nuestra sociedad ya había superado. Cuando se banaliza el terrorismo de Estado o se intenta sembrar dudas sobre lo que ocurrió, no solo se falta a la verdad histórica: también se debilitan los pilares éticos que sostienen nuestra democracia.

Desde Igualar Rosario entendemos que la memoria no es solo un ejercicio conmemorativo: es una práctica política y social que se construye todos los días en el territorio, en la educación, en la participación democrática y en la defensa de los derechos conquistados por nuestro pueblo. Recordar no es mirar únicamente al pasado, es también asumir la responsabilidad de defender en el presente los valores que hicieron posible la recuperación democrática.

En una ciudad como Rosario, profundamente atravesada por la historia del movimiento obrero, del movimiento estudiantil y de las luchas populares, la memoria colectiva forma parte de nuestra identidad. Mantener viva esa memoria es también defender una idea de país basada en la igualdad, el trabajo, la justicia social y el respeto irrestricto por los derechos humanos.

Este 24 de marzo convocamos a participar de las movilizaciones y actos que, en todo el país, vuelven a llenar las calles con un mensaje claro: Memoria, Verdad y Justicia.

Porque no hay igualdad posible sin memoria, este 24 de marzo nos encontramos en las calles.